sábado, 18 de marzo de 2017

RESET


RESET 

Todos queremos poner a cero el marcador de nuestra vida para arreglar las meteduras de pata y recomenzar. ¿Te atreves a pulsar RESET?

 http://www.opusdei.es/es-es/reset-process/#start

Libre de virus. www.avast.com

martes, 28 de febrero de 2017

HAY VECES QUE NOS DUELE MÁS LO QUE OPINAN LOS DEMÁS DE LAS TRAVESURAS DE NUESTROS HIJOS.

HAY VECES QUE NOS DUELE MÁS LO QUE OPINAN LOS DEMÁS DE LAS TRAVESURAS DE NUESTROS HIJOS, QUE LAS MISMAS TRAVESURAS.


      Es propio de la condición humana juzgarnos los unos a los otros.
Las situaciones más comunes adquieren unas connotaciones distintas en función del auditorio.  No es lo mismo que le llamen a uno la atención a solas que en público.  En la segunda situación, al tirón de orejas se añade lo que pensarán los testigos de esa llamada al orden.  Es evidente que nuestra reacción será distinta en una u otra situación.
       En no pocas ocasiones nuestros hijos se rebelan contra nuestras órdenes o indicaciones, y tratan de echarnos un pulso, haciendo patente esa rebeldía que todos llevamos dentro.  Estas situaciones, que en el ámbito familiar se suelen resolver con paciencia y con alguna que otra carantoña, en el ámbito social –qué dirán o qué pensarán– pueden llenarnos de impaciencia al sentirnos observados cuando se pone en duda nuestra autoridad.
        No hemos de perder los papeles ni dejarnos influenciar por el espectáculo que a veces pueden dar nuestros hijos. No nos puede doler más lo que opinen los espectadores que la travesura de nuestros hijos. Es más, en estas situaciones tendremos que actuar como siempre, buscando el bien de nuestros hijos, y pensando que más sabe el loco en su casa que el cuerdo en la ajena.
 Se me viene a la memoria una anécdota que contaba un profesor con muchas horas de vuelo; puede servir de pauta en situaciones comprometidas:
 Tras darle la nota de un examen, un alumno sale airado de la clase dando un portazo y gritando:
 −Y una m… pa ti.
 Todo el alumnado quedó en un silencio expectante y fijos sus ojos en el profesor ultrajado.  Este, sin perder la sonrisa y la calma, comentó:
 −¿Os habéis dado cuenta de la falta de respeto de vuestro compañero? Tendría que haber dicho: −Y una m… pa usted.



jueves, 16 de febrero de 2017

EL HOMBRE HA SIDO CREADO PARA LA FELICIDAD




El hombre ha sido creado para la felicidad y cuando no la tiene busca el sucedáneo de placeres superficiales y pasajeros.

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         Todos tendemos a la felicidad, nadie quiere ser un desgraciado; es más, el que se quita la vida busca –equivocadamente– la felicidad huyendo del problema que le obsesiona.

         Ahora que estás leyendo, seguro que te encuentras sentado en una posición cómoda, y que procuras evitar todo lo que te moleste para hacer una lectura atenta y reflexiva.

         No cabe duda de que las situaciones idílicas solo se dan en nuestra imaginación. El hecho de saber que todo tiene un final, nos impide frecuentemente disfrutar del presente; todos hemos oído o repetido esta frase: "Qué poco dura lo bueno". Por lo tanto, uno puede llegar a la conclusión de que toda felicidad que se acaba no es verdadera felicidad, de ahí que solo la felicidad eterna –para siempre– llenaría el corazón del hombre.

Se cuenta que un niño pequeño se estaba comiendo un enorme pastel mientras lloraba. Un hombre que contemplaba la escena, le pregunta:
–Niño, ¿por qué lloras?
A lo que le respondió el pequeño:
–Porque se me acaba el pastel.
        
         Pero nos tenemos que conformar con esa felicidad pasajera; de hecho, cuando el hombre no es capaz de asumir esa situación, cae en la desesperanza, el pesimismo y la tristeza. Incluso llega a pensar que una vida –en la que los problemas están a la vuelta de la esquina– no merece ser vivida, y que la felicidad siempre está en la casa de enfrente.

Otra anécdota:

Un hombre de negocios observaba desde la ventanilla del avión a un agricultor que estaba inmerso en sus labores.
–Qué suerte tienen algunas personas: míralo, qué paz y tranquilidad se tiene que respirar ahí abajo, en medio del campo, sin agobios, sin que nadie te presione con el cumplimiento de objetivos, y sin tener que estar toda la semana de un sitio para otro. Qué envidia.
Al ruido de los motores del avión, el agricultor levantó la vista, y limpiándose el sudor de su frente dijo:
–Míralos cómo disfrutan. Quién fuera un hombre de empresa, todos los días de un sitio para otro, sin pasar calor; y seguro que todo va por cuenta de la empresa. Así cualquiera. Qué envidia.
                     


sábado, 4 de febrero de 2017

LAS HERIDAS SE CIERRAN DE DENTRO HACIA FUERA



Las heridas se cierran desde dentro hacia fuera. Ante cualquier problema, o vamos a la raíz o lo estaremos cerrando en falso. No obstante hay veces que no es fácil, y por prudencia hay que poner "paños calientes", pero sin olvidar dónde está realmente el problema.

°

         Los que han tenido una fístula saben que las heridas se cierran de adentro hacia afuera. El proceso es molesto y doloroso, pues se introducen en el absceso unas gasas que impiden que las paredes de la herida entren en contacto y se cierre en falso.

         Todos tenemos experiencia. Cuántos problemas personales hemos dejado sin resolver bien: por cobardía, por miedo, por falta de criterio para afrontar su solución. Las consecuencias son palpables: intranquilidad, insegu­ri­dad, mala conciencia… y acabamos perdiendo la paz. Cre­ía­mos que el tiempo –que dicen que lo cura todo–, cerraría esa etapa de nuestra vida arrinco­nando el problema en el trastero de nuestra conciencia.

         Se trata, simplemente, de arrancar con valentía y decisión el egoísmo o el miedo que nos impiden llegar a la raíz.

         Cuando no se actúa así se puede acabar en los tribunales. Pero la ley carece de sentimientos, y solo tiene dos platillos, fríos e irreconciliables: cuando uno sube, el otro baja. Y lo peor es que esa balanza la pone en movimiento el hombre.


sábado, 21 de enero de 2017

PARA EDUCAR: AMAR, AMAR, Y... AMAR


PARA EDUCAR: AMAR, AMAR, Y… AMAR.


       No sabía si colocar este apartado al comienzo de las reflexiones o al final.  He decidido hacerlo al principio porque considero que el amor tiene que empapar todas nuestras actuaciones y fundamentalmente la de educadores.

       No todo el mundo sabe amar bien. O dicho de otra forma: no todo el mundo está dispuesto a amar. ¿Pero si hemos sido creados para amar…? ¿Pero si el hombre que no ama no es feliz…? ¿Pero si el amor mueve al mundo…? 
       Pues sí. Todo lo anterior está muy bien, pero la realidad es que amar no es nada fácil. En primer lugar porque el amor con mayúscula exige el olvido de sí, y pocos están dispuestos a anteponerlo a su yo.  Como dice Benedicto XVI en la Encíclica Caridad en la Verdad: "Amar a alguien es querer su bien y trabajar eficazmente por él".
El egoísmo, la comodidad, la vanidad, la soberbia, el amor propio, impiden que el verdadero amor sea la finalidad última de todas nuestras acciones educativas. De modo que:
− Cuando impongo un castigo, ¿lo hago porque persigo una mejora o por querer imponer a toda costa mi autoridad?
− Cuando digo que no, ¿lo hago porque sé que no conviene o por ir a la contra e imponer mis criterios?
− Cuando premio, ¿lo hago por un estímulo personal ante una acción o por la vanidad de sentirme a gusto conmigo mismo?
      
De todos es conocido que la familia es el único ámbito social donde se quiere a la persona por lo que es, y no por lo que vale, por sus cualidades humanas y sociales. Todos tenemos ejemplos cercanos: hijos que no son "dignos" de dicho nombre y que sin embargo recurren una y otra vez a sus progenitores, pues saben que a pesar de los pesares siempre estarán dispuestos a prestarle esa ayuda que quizás no se merecen.

Ese amor que además tiene connotaciones sobrenaturales –…disculpa sin límites, confía sin límites, espera sin límites, soporta sin límites (san Pablo a los Corintios)– está preparado para afrontar con generosidad y entrega los problemas propios de la profesión de padres que, como bien sabes, ejerceremos hasta que nos muramos.

Aquí me gustaría  hacer un pequeño parón, y reflexionar sobre las connotaciones de carácter fisiológicos que -a mi parecer- tiene el amor que las madres y los padres profesan a sus hijos.

Cualquiera sabe que para poder preparar un plato de filetes con huevos intervienen el cerdo y la gallina.  La gallina ha colaborado poniendo sus huevos y el cerdo se implica perdiendo su vida para poder ofrecer los filetes. Guardando las distancias –que evidentemente son grandes–, para que venga un hijo a este mundo –de forma natural- hacen falta un hombre y una mujer. Y como bien sabemos, el papel que juegan el hombre y la mujer son cualitativamente diferentes.  El hombre –al igual que la gallina– colabora.  Pero es la mujer la que se implica y presta a ese nuevo ser su cuerpo y todo lo que de ello se deriva.  Esto da lugar a que entre ambos se creen unos lazos biológicos y sentimentales que duran toda la vida y que comienzan en el momento mismo de la concepción. Por eso el amor de una madre no tiene parangón. Esto no quiere decir que el amor de los padres sea un amor de segunda fila, pero no cabe duda de que, queramos o no queramos, esos nueve meses marcan: la madre siente, el padre observa; la madre percibe, el padre sueña; la madre alimenta, el padre sustenta; la madre sufre, el padre consuela.



lunes, 16 de enero de 2017

LA IMPORTANCIA DEL TRABAJO ES EL SERVICIO.



Lo importante del trabajo es el servicio. Ser útil a los demás es lo que puede hacer que el trabajo –cualquier tipo de trabajo nos haga felices.

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         ¿Cuántos años llevas trabajando? Seguro que muchos, y seguro que aún te quedan unos cuantos años más. Y no te preocupes, que el trabajo –como servicio– terminará el día que nos muramos.

         No sé a qué te dedicas, pero te puedo asegurar que ese trabajo que realizas tiene una grandísima repercusión en tus semejantes.

         Ni que decir tiene que no siempre nuestro trabajo profesional cubre las expectativas, y que hay muchas circunstancias que podrían dar al traste con nuestros deseos de servicio. Pero superar estos obstáculos –como hay que superar todos los que conlleva la condición humana: la pereza, la desidia, la superficialidad, la chapuza y un largo etc.–, será lo que dignifique tantos años de labor profesional. Hay que tener en cuenta que tan importante es lo que hacemos –hoy y ahora– como lo que dejemos hecho cuando nos pidan la cuchara.

         Me viene a la cabeza esta anécdota:

El capitán de una compañía llama urgentemente al sargento y le da la siguiente orden:
–Se ha interceptado una emisión del enemigo y piensan atacarnos mañana a las nueve de la mañana. Por tanto, caven una trinchera de cincuenta metros de larga, un metro y medio de ancha y dos metros y medio de profundidad.
–¡A la orden, mi capitán!
El sargento se dirige rápidamente a la compañía y transmite la orden al cabo, que después de pensar unos segundos, le comenta al sargento:
–Mi sargento, ¿y por qué no atacamos nosotros y son ellos los que caven la trinchera?

         Qué alegría si a fin de mes apareciera en nuestra nómina, además del sueldo, las sonrisas y el agradecimiento de todas aquellas personas que han visto y palpado en nuestra labor profesional un servicio que de seguro no tiene precio.

         No quiero cerrar esta reflexión sin hacer mención a la única profesión que carece de un convenio laboral que regule su jornada, sus vacaciones e incluso su retribución económica. Me refiero –y creo que ya lo has intuido– al trabajo en el hogar. Gracias a nuestras madres y esposas las casas se convierten en hogares, y su trabajo en un servicio generoso.  

domingo, 8 de enero de 2017

NUESTRAS ACCIONES TIENEN QUE ESTAR LIMPIAS DE TODA VANIDAD...


Nuestras acciones tienen que estar limpias de toda vanidad, de todo egoísmo, de todo amor propio, de todo apegamiento malo.

La sencillez y la naturalidad embellecen al ser humano.

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         No sé si te ocurre, pero tenemos un defecto muy común, que es el de hacer comparaciones. Estamos continuamente comparándonos con las personas que nos rodean: nuestro aspecto externo, nuestra inteligencia, nuestra forma de hacer las cosas, y un largo etc. Y construimos en nuestro interior imágenes que nos llevan a enjuiciar y a encasillar a nuestros semejantes. Aunque no pocas veces, cuando los tratamos de cerca, comprendemos que esas imágenes eran falsas.

         El ser humano es camaleónico: nuestro color no refleja limpiamente lo que sentimos ni nuestra verdadera personalidad. La astucia y la vanidad enmascaran los sentimientos y representamos la partitura que a nuestro interlocutor le gustaría escuchar.

         Pero no es raro que encontremos personas que nos caen bien desde un primer momento, pues actú­an con naturalidad. Si volvemos a acudir al Diccionario de la Real Academia de la Lengua leemos esta definición: Espontaneidad y sencillez en el trato y modo de proceder.

         Las personas sencillas tienen una característica que es la generosidad. Hacen las cosas con espíritu de servicio y sin esperar compensaciones. Son almas generosas.

         La vanidad es un defecto difícil de erradicar, pues todos en el fondo traemos ese ramalazo de fábrica. De modo que tendremos que estar pendientes de nuestras actuaciones y preguntarnos cuál es la auténtica motivación de lo que hacemos.

Cuentan que un día, al visitar Napoleón una biblioteca famosa, trató de coger un libro que estaba fuera de su alcance en un estante muy alto. El Mariscal Monrey, uno de los hombres más gigantescos de su época, acudió presuroso:
–Permítame ayudarle, majestad, yo soy más grande.
Indignado, Napoleón lo corrigió:
–Usted no es más grande, usted es más alto.

Y termino con un chiste:

–¿Sabes, cuál es el colmo de un vanidoso?
–Que su juego favorito sea el yo-yo.