Educar. Arte, ciencia y paciencia.

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sábado, 9 de diciembre de 2017

TAN IMPORTANTE ES DARLE SOLUCIÓN A LO QUE ME PASA, COMO BUSCAR EL MOTIVO POR EL QUÉ ME PASA.


TAN IMPORTANTE ES DARLE SOLUCIÓN A LO QUE ME PASA, COMO BUSCAR EL MOTIVO POR EL QUÉ ME PASA.
Cuando metemos la pata, lo más recomendable es sacarla. Solucionar los desaguisados es una tarea en muchos casos apremiante, pues de lo contrario iremos dejando enemistades a nuestro alrededor, y nos puede ocurrir como al buen hombre que llego al médico y le dijo:
–Doctor, doctor, en mi casa me ignoran.
–Ring, ring, el siguiente.
Hay personas que tienen continuos encontronazos con sus semejantes, y en estas situaciones, en vez de echarle las culpa al mundo, debería pararse a pensar qué es lo que realmente pasa para tener una vida tan complicada.
Si en nuestra vida se da con frecuencia esta situación, lo lógico es sosegarnos un poco y ver si es nuestra arrogancia, o nuestra vanidad, o nuestra soberbia, la que nos impide ponernos en los zapatos del otro, y tener la comprensión y paciencia que exigimos a los demás para nuestros defectos. Sería bueno que fuésemos a la raíz, con valentía y honradez y encontrásemos el porqué de las dificultades en el trato con los demás.
El Papa Benedicto XVI, en su libro Jesús de Nazaret, nos habla de la necesidad de reconocer nuestras culpas y pedir perdón:
La ofensa provoca represalia; se forma así una cadena de agravios en la que el mal de la culpa crece de continuo y se hace cada vez más difícil superar.

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viernes, 24 de noviembre de 2017

MENOS LUCIMIENTO Y MÁS CIMIENTO



Menos lucimiento y más cimiento.


         Muchas veces nos dejamos seducir por el aspecto externo de las personas o por sus triunfos profesionales o sociales, limitándonos así a lo puramente material.

         Recuerdo la letra de un fandango que recoge esta idea de una forma clara y contundente:

Mi suegra a mí no me quiere,
porque no tengo carrera.
Mi suegra a mí no me quiere.
En mi casa tengo un galgo,
vaya por él cuando quiera,
Que yo pa correr no valgo.

         La sociedad actual se caracteriza por el culto al cuerpo, y vivimos de la imagen que proyectamos a los demás. Cuando todo nuestro esfuerzo se dirige en esta línea, nuestra fragilidad la envolvemos en una apariencia que queda hecha trizas ante el más mínimo golpe –contrariedades, dificultades, etc.–, y deja al descubierto nuestra verdadera imagen.

         Es en el interior –sin menospreciar lo demás– donde está el núcleo de la persona, su verdadera categoría, su auténtica condición. Una persona con virtudes, una persona fuerte, tendrá los recursos suficientes para afrontar las dificultades que en esta vida tendremos aseguradas. Las virtudes humanas son como el esqueleto en el que se apoya todo nuestro ser. La propia imagen empieza a ser atrayente –aun sin quererlo en el momento en el que comenzamos a luchar por adquirir esas virtudes.




domingo, 5 de noviembre de 2017

LOS PADRES SOMOS COLABORADORES DE DIOS. POR LO TANTO, ÉL TENDRÁ CIERTA PREOCUPACIÓN POR NUESTROS HIJOS Y NOS ECHARÁ ALGÚN QUE OTRO CAPOTE.


LOS PADRES SOMOS COLABORADORES DE DIOS. POR LO TANTO, ÉL TENDRÁ CIERTA PREOCUPACIÓN POR NUESTROS HIJOS Y NOS ECHARÁ ALGÚN QUE OTRO CAPOTE.
Como hemos visto anteriormente, el ser humano demanda de sus progenitores seguridad y estabilidad para su desarrollo armónico y emocional. Jesucristo instituye el sacramento del matrimonio como principio y fundamento de la familia. Con este fin, dotó al contrato matrimonial de unos bienes y propiedades específicos: la unidad y la indisolubilidad. Por esa unidad –por ese amor– los padres, tienen la posibilidad de procrear, colaborando libremente con el plan amoroso de Dios; y por esa indisolubilidad, la estabilidad que el ser humano requiere para su desarrollo como persona. Por tanto, esas propiedades son fundamentales para crear el entorno natural donde nuestros hijos se desarrollen como personas y como hijos de Dios.
No quiero enjuiciar ninguna situación, pero desgraciadamente
–y es de todos conocido– la carencia de un entorno familiar estable, añade dificultades a la educación de los hijos. No obstante, es meritorio en muchas familias monoparentales
–bien por causas naturales o por causas legales– el esfuerzo que realizan para conseguir la educación de la prole. Pues bien: ¿cómo concretar ese capote que el autor de la vida nos tiene que echar en la educación de nuestros hijos? Pues no se me ocurre más que la oración personal. Sí, en primer lugar, pedir ayuda a Dios para esos hijos –que tenemos a medias– y para ser capaces de ejercitar con valentía y generosidad nuestra tarea de padres; y en segundo lugar, que nos los proteja de todo aquellos peligros materiales y espirituales que acechan al ser humano. Es más: cuando nuestros hijos llegan a la mayoría de edad y hacen uso de su libertad, lo único que podemos hacer los padres en muchas ocasiones por ellos es rezar. Pero rezar para que se haga la voluntad de Dios en sus vidas; pues muchas veces los padres pedimos a Dios que se haga nuestra voluntad y nos ocurre como al pequeño de la siguiente historieta:
Un niño entra con su madre en la capilla del colegio y se arrodillan los dos en un banco para rezar. La madre, al ver la intensidad de la oración de su hijo le pregunta:
−Hijo ¿te pasa algo? ¿Tienes algún problema?
−No, mamá, pero le estoy pidiendo a Dios que Pekín sea la capital de Japón, que es lo que he puesto en el examen.


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viernes, 6 de octubre de 2017

¿CUÁL SERÍA NUESTRO GRADO EN SANGRE DE SOBERBIA...



¿Cuál sería nuestro grado en sangre de soberbia, vanidad, lujuria, etc.? Ándate con cuidado, que el día que menos lo esperemos tendremos que "soplar".

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         No sé si alguna vez te han sometido a un control de alcoholemia. El sistema es rápido y eficaz: con un prolongado soplido, el aparato detecta el grado de alcohol en sangre.

         En la sangre se descubren los elementos materiales, pero es en la conciencia donde se averigua la maldad de la condición humana. Esa conciencia que el hombre quiere acallar con frases como estas: "Yo tengo la conciencia muy tranquila, yo actúo de acuerdo con mi conciencia...". Pero como todos sabemos, la conciencia no se deja comprar, pues es Dios quien nos habla a través de ella.
         Es posible que no a todos nos obliguen a someternos a un control de alcoholemia, pero sí pasaremos algún día por el tribunal de Dios, donde no nos pedirán que soplemos. Lo que ocurrirá entonces lo expresa mejor San Juan de la Cruz: «A la tarde te examinarán en el amor».
        
         Es lógico: sería una injusticia que todos fuéramos al hoyo –los que han hecho el bien y los que han hecho el mal–, y que no hubiera una justicia que pusiera las cosas en su sitio. Dijo Pascal: "Prefiero equivocarme creyendo en un Dios que no existe, que equivocarme no creyendo en un Dios que existe. Si después no hay nada, nunca lo sabré, pero si hay algo...".




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lunes, 18 de septiembre de 2017

OPINAR SOBRE LA SOLUCIÓN DE UN PROBLEMA.


OPINAR SOBRE LA SOLUCIÓN DE UN PROBLEMA ES FÁCIL. LO DIFÍCIL ES MANTENER ESA OPINIÓN CUANDO UNO SE ENCUENTRA INVOLUCRADO EN ESE MISMO PROBLEMA:
Una cosa es predicar y otra dar trigo.
Quién no ha presenciado una discusión so-bre un tema de actualidad, en la que los interlocutores solucionan ¡todos! los problemas que afectan a la humanidad en un abrir y cerrar de ojos. ¡Resulta tan fácil opinar sobre cuestiones que otros tienen que solucionar!
Sin embargo, cuando nos vemos inmersos en el problema, y su solución pasa por ceder, por perdonar, o por ponernos en el lugar del otro, la exigencia se vuelve lentitud; la objetividad, subjetividad; la certeza, engaño, y la verdad, rumor.
Detrás de los problemas siempre hay personas. Unas que los causan, otras que los sufren y otras que pueden colaborar o mediar en su solución.
No nos tenemos que ir muy lejos para ver esta realidad, pues en no pocas familias se producen situaciones que enturbian la convivencia y dan lugar a pequeñas o grandes tragedias. Siempre nos arrastra la condición humana: el egoísmo, la soberbia, la vanidad, la cabezonería… Y siempre también la
solución pasa por una mejora personal.
Recuerdo una historia que leí y que viene como anillo al dedo:
Un científico, que vivía preocupado con los problemas del mundo, estaba resuelto a encontrar los medios para aminorarlos. Pasaba días en su labora-torio en busca de respuestas para sus dudas. Cierto día, su hijo de siete años invadió su santuario decidido a ayudarlo a trabajar. El científico, nervioso por la interrupción, le pidió al niño que fuese a jugar a otro lugar. Viendo que era imposible que se fuera, pensó en algo que pudiese darle para que se entretuviera. Vio una revista en la que venía el mapa del mundo: ¡justo lo que precisaba! Con unas tijeras lo cortó en varios pedazos y junto con un rollo de cinta se lo entregó a su hijo diciendo: "Como te gustan los rompecabezas, te voy a dar el mundo todo roto para que lo repares sin ayuda de nadie". Calculó que al pe-queño le llevaría días recomponer el mapa, pero no fue así. Pasados unos minutos, escuchó la voz del niño: "Papá, papá, ya lo he acabado". Al principio no dio crédito a las palabras del niño. Pensó que sería imposible que, a su edad, hubiera conseguido re-componer un mapa que jamás había visto antes. Desconfiado, el científico levantó la vista de sus anotaciones con la certeza de que vería el trabajo propio de un niño. Para su sorpresa, el mapa estaba completo. Todos los pedazos habían sido colocados en sus debidos lugares. ¿Cómo era posible? ¿Cómo el niño había sido capaz? Le dijo: "Hijo mío, tú no sabías cómo era el mundo, ¿cómo has logrado recomponerlo?". "Papá, yo no sabía cómo era el mundo, pero cuando sacaste el mapa vi que por detrás había un hombre dibujado. Así que di vuelta a los recortes y comencé a recomponer al hombre, que sí sabía cómo era. Cuando conseguí arreglarlo, di la vuelta a la hoja y vi que había arreglado al mundo".


viernes, 1 de septiembre de 2017

NO ES QUE NO LO VEAS, ES QUE NO SABE LO QUE BUSCA.



No me resisto a abordar una tema peliagudo y por el que hemos pasado todos. Me refiero a la etapa de la adolescencia, la edad que sucede a la niñez y que transcurre desde la pubertad hasta el completo desarrollo del organismo. Vuelvo a recordar que no soy experto y que hay una enorme bibliografía sobre el asunto. Sí recuerdo, no obstante, que en esta etapa se producen cambios fundamentales en nuestros hijos: en la estructura ósea, en los músculos y en el cerebro, así como un desarrollo sexual y hormonal. En un corto periodo cambian por fuera y por dentro. Y lo más complicado es que no tienen experiencia para encauzar sus nuevas potencialidades. Ante esta situación, las madres y los padres podemos intervenir, aun sabiendo que es difícil complacer a una persona que no sabe lo que quiere.
Me atrevo a sugerir una serie de ideas que quizás ayuden: 
1. Adelantarse a esta etapa, explicándoles lo que va a ocurrir en su cuerpo y en sus relaciones con el entorno. En este punto conviene que los padres hablen con los hijos y las madres con las hijas. 
2. Mucha tranquilidad y paciencia. Si los hemos educado desde pequeño para la madurez, el "sarampión" será menos virulento. 
3. Estar más disponible y receptivos a todas las necesidades que se presentaran en esta etapa. 
4. No ceder en lo importante y evitar los chantajes emocionales. 
5. Darles encargos adecuados a su edad y potencialidades. Que tengan más libertad implica una mayor responsabilidad. 
6. Respetar su intimidad. 
7. Más que dar grandes discursos, conviene aportar ideas sencillas que le hagan pensar: la conducta sólo se puede dominar con la razón. 
8. Y rezad. 
Para terminar, reproduzco unas estrofas del poema "Profecía", del Rafael de León.
¿Qué tiene el niño, Malena?
Anda como trastornao;
le encuentro cara de pena
y el colorcillo quebrao.
Y ya no juega a la tropa,
ni tira piedras al río,
ni se destroza la ropa
subiéndose a coger nidos.
¿No te parece a ti extraño?
¿No es una cosa muy rara
que un chaval con doce años
lleve tan triste la cara?
Mira que soy perro viejo,
y estás demasiado tranquila.
¿Quieres que te dé un consejo?
Vigila, mujer, vigila...
Y fueron dos centinelas los ojillos de mi madre(…).


jueves, 17 de agosto de 2017

LA VOLUNTAD Y LA FORMACIÓN SON LOS ANTÍDOTOS




La voluntad y la formación son los antídotos para no caer en los mil falsos placeres que ofrece nuestra sociedad.

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         La sociedad actual se caracteriza por la facilidad con que podemos acceder a estímulos placenteros, desde tirarte en el sofá y consumir horas y horas en los ciento de canales de televisión que tenemos al alcance de la mano, o de perder las pestañas delante del ordenador navegando por el mundo casi ilimitado de Internet, o con algún que otro videojuego que nos sumerge en un mundo virtual.

         Y conste que todos estamos expuestos a esto, pues raro es el hogar que carece de estas nuevas tecnologías.

         No obstante, la maldad o la bondad de las cosas materiales están en función de la utilización que el hombre hace de ellas la energía nuclear puede curar o matar: hay que pensar con claridad y tener la voluntad firme para discernir sobre la necesidad o conveniencia de lo que hacemos y decidir adecuadamente en qué vamos a emplear nuestro tiempo, sin dejarnos embaucar por mil razonamientos que justifiquen nuestra comodidad o falta de lucha.

         Entre las distintas acepciones que el diccionario de la Real Academia de la Lengua da a la palabra "voluntad", me quedo con la siguiente: "Capacidad de una persona para superar obstáculos o dificultades o para cumplir con sus obligaciones".

         Esta capacidad de superación tiene una fuerza casi imparable cuando uno tiene convicciones profun­da­s, y todos los obstáculos y dificultades quedan en un segundo plano, pues uno actúa convencido de lo que tiene que hacer, con un total olvido de sí.
         Y no olvidemos lo que dice Santa Teresa: «Este cuerpo tiene una falta: que mientras más le regalan, más necesidades descubre». Y también:


Aunque me cueste,
aunque no pueda,
aunque reviente,
aunque me muera.



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