Educar. Arte, ciencia y paciencia.

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viernes, 6 de octubre de 2017

¿CUÁL SERÍA NUESTRO GRADO EN SANGRE DE SOBERBIA...



¿Cuál sería nuestro grado en sangre de soberbia, vanidad, lujuria, etc.? Ándate con cuidado, que el día que menos lo esperemos tendremos que "soplar".

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         No sé si alguna vez te han sometido a un control de alcoholemia. El sistema es rápido y eficaz: con un prolongado soplido, el aparato detecta el grado de alcohol en sangre.

         En la sangre se descubren los elementos materiales, pero es en la conciencia donde se averigua la maldad de la condición humana. Esa conciencia que el hombre quiere acallar con frases como estas: "Yo tengo la conciencia muy tranquila, yo actúo de acuerdo con mi conciencia...". Pero como todos sabemos, la conciencia no se deja comprar, pues es Dios quien nos habla a través de ella.
         Es posible que no a todos nos obliguen a someternos a un control de alcoholemia, pero sí pasaremos algún día por el tribunal de Dios, donde no nos pedirán que soplemos. Lo que ocurrirá entonces lo expresa mejor San Juan de la Cruz: «A la tarde te examinarán en el amor».
        
         Es lógico: sería una injusticia que todos fuéramos al hoyo –los que han hecho el bien y los que han hecho el mal–, y que no hubiera una justicia que pusiera las cosas en su sitio. Dijo Pascal: "Prefiero equivocarme creyendo en un Dios que no existe, que equivocarme no creyendo en un Dios que existe. Si después no hay nada, nunca lo sabré, pero si hay algo...".




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lunes, 18 de septiembre de 2017

OPINAR SOBRE LA SOLUCIÓN DE UN PROBLEMA.


OPINAR SOBRE LA SOLUCIÓN DE UN PROBLEMA ES FÁCIL. LO DIFÍCIL ES MANTENER ESA OPINIÓN CUANDO UNO SE ENCUENTRA INVOLUCRADO EN ESE MISMO PROBLEMA:
Una cosa es predicar y otra dar trigo.
Quién no ha presenciado una discusión so-bre un tema de actualidad, en la que los interlocutores solucionan ¡todos! los problemas que afectan a la humanidad en un abrir y cerrar de ojos. ¡Resulta tan fácil opinar sobre cuestiones que otros tienen que solucionar!
Sin embargo, cuando nos vemos inmersos en el problema, y su solución pasa por ceder, por perdonar, o por ponernos en el lugar del otro, la exigencia se vuelve lentitud; la objetividad, subjetividad; la certeza, engaño, y la verdad, rumor.
Detrás de los problemas siempre hay personas. Unas que los causan, otras que los sufren y otras que pueden colaborar o mediar en su solución.
No nos tenemos que ir muy lejos para ver esta realidad, pues en no pocas familias se producen situaciones que enturbian la convivencia y dan lugar a pequeñas o grandes tragedias. Siempre nos arrastra la condición humana: el egoísmo, la soberbia, la vanidad, la cabezonería… Y siempre también la
solución pasa por una mejora personal.
Recuerdo una historia que leí y que viene como anillo al dedo:
Un científico, que vivía preocupado con los problemas del mundo, estaba resuelto a encontrar los medios para aminorarlos. Pasaba días en su labora-torio en busca de respuestas para sus dudas. Cierto día, su hijo de siete años invadió su santuario decidido a ayudarlo a trabajar. El científico, nervioso por la interrupción, le pidió al niño que fuese a jugar a otro lugar. Viendo que era imposible que se fuera, pensó en algo que pudiese darle para que se entretuviera. Vio una revista en la que venía el mapa del mundo: ¡justo lo que precisaba! Con unas tijeras lo cortó en varios pedazos y junto con un rollo de cinta se lo entregó a su hijo diciendo: "Como te gustan los rompecabezas, te voy a dar el mundo todo roto para que lo repares sin ayuda de nadie". Calculó que al pe-queño le llevaría días recomponer el mapa, pero no fue así. Pasados unos minutos, escuchó la voz del niño: "Papá, papá, ya lo he acabado". Al principio no dio crédito a las palabras del niño. Pensó que sería imposible que, a su edad, hubiera conseguido re-componer un mapa que jamás había visto antes. Desconfiado, el científico levantó la vista de sus anotaciones con la certeza de que vería el trabajo propio de un niño. Para su sorpresa, el mapa estaba completo. Todos los pedazos habían sido colocados en sus debidos lugares. ¿Cómo era posible? ¿Cómo el niño había sido capaz? Le dijo: "Hijo mío, tú no sabías cómo era el mundo, ¿cómo has logrado recomponerlo?". "Papá, yo no sabía cómo era el mundo, pero cuando sacaste el mapa vi que por detrás había un hombre dibujado. Así que di vuelta a los recortes y comencé a recomponer al hombre, que sí sabía cómo era. Cuando conseguí arreglarlo, di la vuelta a la hoja y vi que había arreglado al mundo".


viernes, 1 de septiembre de 2017

NO ES QUE NO LO VEAS, ES QUE NO SABE LO QUE BUSCA.



No me resisto a abordar una tema peliagudo y por el que hemos pasado todos. Me refiero a la etapa de la adolescencia, la edad que sucede a la niñez y que transcurre desde la pubertad hasta el completo desarrollo del organismo. Vuelvo a recordar que no soy experto y que hay una enorme bibliografía sobre el asunto. Sí recuerdo, no obstante, que en esta etapa se producen cambios fundamentales en nuestros hijos: en la estructura ósea, en los músculos y en el cerebro, así como un desarrollo sexual y hormonal. En un corto periodo cambian por fuera y por dentro. Y lo más complicado es que no tienen experiencia para encauzar sus nuevas potencialidades. Ante esta situación, las madres y los padres podemos intervenir, aun sabiendo que es difícil complacer a una persona que no sabe lo que quiere.
Me atrevo a sugerir una serie de ideas que quizás ayuden: 
1. Adelantarse a esta etapa, explicándoles lo que va a ocurrir en su cuerpo y en sus relaciones con el entorno. En este punto conviene que los padres hablen con los hijos y las madres con las hijas. 
2. Mucha tranquilidad y paciencia. Si los hemos educado desde pequeño para la madurez, el "sarampión" será menos virulento. 
3. Estar más disponible y receptivos a todas las necesidades que se presentaran en esta etapa. 
4. No ceder en lo importante y evitar los chantajes emocionales. 
5. Darles encargos adecuados a su edad y potencialidades. Que tengan más libertad implica una mayor responsabilidad. 
6. Respetar su intimidad. 
7. Más que dar grandes discursos, conviene aportar ideas sencillas que le hagan pensar: la conducta sólo se puede dominar con la razón. 
8. Y rezad. 
Para terminar, reproduzco unas estrofas del poema "Profecía", del Rafael de León.
¿Qué tiene el niño, Malena?
Anda como trastornao;
le encuentro cara de pena
y el colorcillo quebrao.
Y ya no juega a la tropa,
ni tira piedras al río,
ni se destroza la ropa
subiéndose a coger nidos.
¿No te parece a ti extraño?
¿No es una cosa muy rara
que un chaval con doce años
lleve tan triste la cara?
Mira que soy perro viejo,
y estás demasiado tranquila.
¿Quieres que te dé un consejo?
Vigila, mujer, vigila...
Y fueron dos centinelas los ojillos de mi madre(…).


jueves, 17 de agosto de 2017

LA VOLUNTAD Y LA FORMACIÓN SON LOS ANTÍDOTOS




La voluntad y la formación son los antídotos para no caer en los mil falsos placeres que ofrece nuestra sociedad.

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         La sociedad actual se caracteriza por la facilidad con que podemos acceder a estímulos placenteros, desde tirarte en el sofá y consumir horas y horas en los ciento de canales de televisión que tenemos al alcance de la mano, o de perder las pestañas delante del ordenador navegando por el mundo casi ilimitado de Internet, o con algún que otro videojuego que nos sumerge en un mundo virtual.

         Y conste que todos estamos expuestos a esto, pues raro es el hogar que carece de estas nuevas tecnologías.

         No obstante, la maldad o la bondad de las cosas materiales están en función de la utilización que el hombre hace de ellas la energía nuclear puede curar o matar: hay que pensar con claridad y tener la voluntad firme para discernir sobre la necesidad o conveniencia de lo que hacemos y decidir adecuadamente en qué vamos a emplear nuestro tiempo, sin dejarnos embaucar por mil razonamientos que justifiquen nuestra comodidad o falta de lucha.

         Entre las distintas acepciones que el diccionario de la Real Academia de la Lengua da a la palabra "voluntad", me quedo con la siguiente: "Capacidad de una persona para superar obstáculos o dificultades o para cumplir con sus obligaciones".

         Esta capacidad de superación tiene una fuerza casi imparable cuando uno tiene convicciones profun­da­s, y todos los obstáculos y dificultades quedan en un segundo plano, pues uno actúa convencido de lo que tiene que hacer, con un total olvido de sí.
         Y no olvidemos lo que dice Santa Teresa: «Este cuerpo tiene una falta: que mientras más le regalan, más necesidades descubre». Y también:


Aunque me cueste,
aunque no pueda,
aunque reviente,
aunque me muera.



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jueves, 6 de julio de 2017

¡QUE ME QUITEN LO BAILADO...!

¡Que me quiten lo bailado…! A ver de qué te sirve lo bailado para afrontar con dignidad las consecuencias actuales de tanto baile. 

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         Con esta frase tan conocida, muchos quieren justificar los desvaríos y excesos que el hombre es capaz de realizar cuando pierde el norte.

         Hay cosas que en principio me sientan bien, aunque al día siguiente me duela la cabeza; hay cosas apetecibles, aunque a los pocos meses tenga una úlcera de estomago; hay cosas con las que disfruto, aunque dentro de unos años me asfixie por las noches, y hay actuaciones que me pueden cambiar la vida.

         Todo lo que hacemos tiene repercusión en nosotros y en nuestros semejantes, no hay actos intrascendentes. Es imprescindible reflexionar antes de hacer lo que nos pida el cuerpo. El sentido común tendría que ir –como mínimo– medio metro por delante de nosotros y de nuestras actuaciones.

         Uno puede vivir de sus recuerdos o de sus deseos, pero la verdadera vivencia es el presente, con la conciencia de nuestra libertad para hacer el bien o el mal, para disfrutar con lo primero, o amargarse con lo segundo; de ahí la importancia de tener las ideas claras para saber prever los resultados de nuestros actos.




jueves, 29 de junio de 2017

NUEVA PUBLICACIÓN


Este libro sobre la educación tiene un sencillo objetivo: descomplicar. Suele decirse que los tiempos que corren no facilitan la elemental tarea humana de educar, entre tantos cambios sociales, tantos planes educativos, tanta crisis de la modernidad… Es cierto, pero también lo es que muchas veces los árboles impiden ver el bosque, y el sentido común, el amor sencillo a las personas, la confianza en la vida, el buen humor y el esfuerzo humilde son las mejores armas para llevar a buen término, a pesar de los pesares, el derecho y el deber de educar.



jueves, 22 de junio de 2017

EL PROBLEMA DEL SEÑOR "X"



EL PROBLEMA DEL SEÑOR "X"

No creo que sea exagerado suponer que siete de cada diez que lean estas líneas tendrán algún tipo de dificultad con algún otro ser humano. Las personas que nos emplean o las que son empleados nuestros, las que comparten nuestra casa o aquellas con las que compartimos la suya, nuestros parientes políticos o nuestros padres o nuestros hijos, nuestra esposa o nuestro marido nos están haciendo la vida, en el trabajo o en el hogar, más difícil de lo que sería necesario en estos días. (...) Un amigo lejano nos pregunta por qué estamos tan malhumorados y la respuesta salta a la vista.
En ocasiones así, el amigo lejano suele decir: "¿Por qué no habla con ellos? ¿Por qué no se reúne con su esposa (o con su marido, o con su padre, o con su jefe o con su patrona o von su huésped) y lo resuelve hablando? La gente suele ser razonable. Todo lo que se debe hacer es conseguir que vean las cosas a la verdadera luz. Explíqueselo de forma tranquila razonable y pacífica". Pero nosotros, veamos lo que veamos exteriormente pensamos con tristeza: "No conoce a X". Nosotros sí, y sabemos lo imposible que resulta hacerla entrar en razón.
(...) Nosotros sabemos, en efecto, que cualquier intento de hablar con "X" naufragará en el viejo y fatal defecto del carácter de "X". (...) Hasta cierta edad mantuvimos tal vez la ilusión de que algún golpe de suerte -una mejoría del estado de salud, un aumento de salario, el fin de la guerra- resolviera las dificultades. Pero ahora lo sabemos mejor. (...) Incluso si nos hiciéramos millonarios, nuestro marido seguiría siendo un matón, o nuestra esposa seguiría bebiendo o tendríamos que seguir viviendo con nuestra suegra en casa.
Entender que es así significa un gran paso adelante. Me refiero a arrostrar el hecho de que, aún cuando todas las cosas exteriores marcharán bien, la verdadera felicidad seguirá dependiendo del carácter de las personas con las que tenemos que vivir, algo que nosotros no podemos cambiar.
Y ahora viene lo importante. Cuando vemos estas cosas por primera vez, tenemos un destello de que algo semejante le debe ocurrir a Dios. A esto es, en cierto modo, a lo que Dios mismo debe enfrentarse. El ha previsto un mundo rico y hermoso en el que poder vivir. Nos ha dado inteligencia para saber cómo se puede usar y conciencia para comprender que uso se debe hacer de él. (...) Pero después de haber hecho todo esto, ve malogrados sus planes -como nosotros vemos malogrados nuestros pequeños planes- por la maldad de las propias criaturas. Convertimos las cosas que nos ha dado para ser felices en motivos de disputa y envidias, de desmanes, acumulación y payasadas.
Podemos decir que para Dios todo es diferente, pues Él podría, si quisiera, cambiar el carácter de las personas, cosa que nosotros no somos capaces de hacer. Pero esta diferencia no es tan decisiva cómo podemos pensar al principio. Dios se ha dado a sí mismo la regla de no cambiar por la fuerza el carácter de las personas. Dios puede y quiere cambiar a las personas, pero solo si las personas quieren que lo haga. En este sentido, Dios ha limitado real y verdaderamente Su poder. (...) Prefiere un mundo de seres libres, con sus riesgos, que un mundo de personas que obraran rectamente como máquinas por no poder hacer otra cosa.
(...) Hay dos aspectos en que el punto de vista de Dios debe ser muy diferente del nuestro. En primer lugar, Dios ve, como nosotros, que las gente en nuestra casa o nuestro trabajo es peliaguda o difícil en diverso grado, pero cuando examina ese hogar, esta fábrica o esta oficina, ve más de una persona de esa condición, y ve a una que nosotros nunca vemos. Me refiero, por supuesto, a cada uno de nosotros mismos. Entender que nosotros somos también ese tipo de persona es el siguiente paso hacia la sabiduría. También nosotros tenemos un defecto fatal en el carácter. Las esperanzas y planes de los demás han naufragado una vez tras otra en nuestro carácter, como nuestros planes y esperanzas han naufragado en el de los demás.
(...) Dios ve todos los caracteres, yo todos menos el mío. La segunda diferencia es la que sigue. Dios ama a las personas a pesar de sus imperfecciones. (…) No digamos, "para Él es muy fácil, Él no tiene que vivir con ellos". Tiene. Dios está dentro y fuera de ellos. (…) Cualquier pensamiento vil de su mente (y de la nuestra), cualquier momento de rencor, envidia, arrogancia, avaricia y presunción se alza directamente contra Su paciencia y amor anhelante, y aflige Su espíritu más de lo que se aflige el nuestro. 
(…) Sugiero un razonamiento que debemos imponernos a nosotros mismos: abstenerse de pensar en las faltas de las gentes a menos que lo requieran nuestros deberes como maestro o como padre. ¿Por qué no echar a empujones de nuestra mente los pensamientos que entren innecesariamente en ella? ¿Por qué no pensar en los propios defectos en vez de pensar en las faltas de los demás? (…) Entre todas las personas difíciles de nuestra casa o nuestro trabajo hay una que podemos mejorar mucho.
(…) ¿Cuál es, a la postre, la alternativa? Vemos con suficiente claridad que nada, ni siquiera Dios con todo Su poder, puede hacer que "X" sea realmente feliz mientras siga siendo envidioso, egocéntrico y rencoroso. Dentro de nosotros hay, seguramente, alguna cosa que, a menos que la cambiemos, no permitirá al poder De Dios impedir que seamos eternamente miserables (...).
C. S. Lewis 
Dios en el banquillo
(RIALP)