Educar. Arte, ciencia y paciencia.

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sábado, 23 de mayo de 2020

LA TELEVISIÓN NOS PROPORCIONA TEMAS SOBRE LOS QUE PENSAR, PERO NO NOS DEJA TIEMPO PARA HACERLO.


LA TELEVISIÓN NOS PROPORCIONA TEMAS SOBRE LOS QUE PENSAR, PERO NO NOS DEJA TIEMPO PARA HACERLO.
–¡Y ahora, una peli!
–¡¡¡Bien!!!
Lo gritan los niños y lo piensan los padres. Dos horas sin niños: qué paz, qué tranquilidad. ¡Un buen invento y todos contentos!
Ni que decir tiene que la televisión no es mala, eso sí, si se sabe utilizar. Y como es natural, los primeros que tenemos que hacer buen uso, somos los padres.
Decía Antonio Mingote que la televisión ha acabado con el cine, el teatro, las tertulias y la lectura. Ahora, tantos canales terminan con la unidad familiar.
Hay muchos estudios que pueden ayudar a utilizar racionalmente este invento. Yo aporto estos consejos:
1. No colocar la televisión en el lugar predomi-nante de la casa y, a ser posible, tenerla dentro de un mueble. Se evita así una presencia tentadora y el simple hecho de abrir el mueble ya implica la intencionalidad de ver algo concreto. Si llegamos cansados, nos tumbamos en el sofá y enfrente tenemos un plasma de 40 pulgadas, ¿qué se te pasa por la cabeza?
2. En la casa tendría que haber un solo televisor. De esta forma evitaremos la dispersión familiar y, sobre todo, crearemos un clima de consenso y de generosidad, pues habrá que ceder al gusto personal.
3. Un tiempo y una hora para verla. La televisión nunca se conecta para ver lo que hay, sino para lo que hay que ver; habiendo visto antes –como es natural– la programación.
4. Los niños, como norma, nunca ven la televisión solos. Los padres deben dar opiniones y aclarar situaciones.
5. La televisión no debe ser el único entretenimiento para los padres y para los niños: que haya lecturas, juegos de mesa, tertulias, etc.
6. Lo ideal es que la televisión la programan los padres, teniendo una buena videoteca.
Copio un texto de Leonardo Polo que aclara la importancia del juego, como alternativa a la televisión.
«El juego es un ensayo de algunos aspectos de la vida adulta; la aceptación de reglas, la distinción entre ganar y perder; el juego limpio sin trampas con cierto objetivo. Perder no es un objetivo, sino un riesgo que se corre, ante el cual debemos estar prevenidos. Se debe enseñar al niño a enfrentar con serenidad y temple el perder. Conviene aprender que se puede volver a empezar».
¿Por qué en muchos hogares la televisión se ha impuesto a los juegos? Porque enseñar a jugar a nuestros hijos exige un tiempo y un esfuerzo y en muchas ocasiones se carece de ambas cosas. No obstante, compensa hacer el intento. El juego –como indica Leonardo Polo–, es socializante, desarrolla la imaginación y educa su afectividad. Todo lo contrario que la televisión: conduce al aislamiento personal; sustituye la imaginación por las imágenes, incapacitándola; y por último la afectividad se limita a los sentimientos hacia personajes ficticios y no cercanos.
Y para terminar, una idea de Groucho Marx: «Encuentro la televisión muy educativa. Cada vez que alguien la enciende, me retiro a otra habitación y leo un libro».
(Del libro Educar. Arte, ciencia y paciencia)


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