Educar. Arte, ciencia y paciencia.

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lunes, 8 de julio de 2019

LOS HIJOS VIENEN AL MUNDO PORQUE DIOS LO QUIERE, PERO RESPETANDO LA VOLUNTAD DE LOS PADRES.


LOS HIJOS VIENEN AL MUNDO PORQUE DIOS LO QUIERE, PERO RESPETANDO LA VOLUNTAD DE LOS PADRES.  

En el punto 3 de la introducción, comentábamos que los padres somos colaboradores de Dios. Solo de dicha colaboración surge la persona. El alma, la dimensión espiritual del hombre, es creada por Dios; los padres ponemos en marcha, mediante el acto sexual, las leyes biológicas.  Esto es bueno que lo tengamos claro los padres y que lo enseñemos a nuestros hijos: no estamos aquí por casualidad, por azar. Estas son las palabras que utiliza el hombre para encubrir todo aquello que no comprende. Cuando lo anterior no está claro, nuestros hijos pueden llegar a pensar que somos los culpables de que hayan nacido sin su consentimiento.  

Dios no impone nunca su voluntad. Quiere hijos, no esclavos. Hasta Él mismo engendra a su hijo pidiendo la venia a la Virgen María:

El Ángel del Señor anunció a María, Y concibió por obra del Espíritu Santo.

He aquí la esclava del Señor. Hágase en mí según tu palabra.

Y el Verbo se hizo carne. Y habitó entre nosotros.

Nada ni nadie nos puede imponer el número de hijos; son los esposos, los que de una forma libre, responsable y generosa, tienen que tomar esa decisión.  Recuerdo de mis años mozos que en los patios de mucha casas había pozos artesanales, que surtían a las familias del preciado líquido. Un brocal, que delimitaba su perímetro; una polea, por la que se deslizaba la cuerda de la que colgaba un cubo, que impactaba en el agua sumergiéndose en la profundidad lentamente. Después, había que tirar con fuerza de la cuerda hasta alcanzar por el asa el cubo rebosante de un agua cristalina.  

Apoyándome en la imagen anterior, los hijos son como sacar agua de un pozo: cuesta, pero... es lo único que puede quitarnos la sed de trascendencia; la sed de nuestra soledad; la sed de conocer el sentido de nuestra existencia. Esta agua limpia y fresca dará lozanía a nuestro matrimonio, convirtiéndolo en un vergel donde florecen hijas e hijos de Dios. Puede ocurrir que a veces esa agua no llegue a nuestro pozo: Dios sabe más. Si somos personas generosas, ese amor lo podremos poner al servicio de las muchas necesidades que acucian a nuestra sociedad. En otras ocasiones, el egoísmo, los miedos y la comodidad son los que agujerearan el cubo, haciendo imposible la generación de nuevas criaturas y vaciando de contenido ese tirar de la cuerda. Además, esa generosidad o ese egoísmo lo palpan los hijos y lo hacen suyo.  Transcribo una reflexión que una chica joven le hacía a su marido: «José, el otro día agotada de tanto trajín, me dejé caer en el sofá y cerrando los ojos, me planteé las siguientes preguntas: ¿Cuántas diversiones nos hemos perdido por causa de nuestros hijos? ¿Cuántos recursos materiales les dedicamos? ¿Cuántas horas de sueño perdidas?… Estaba inmersa en estas cuestiones, cuando un "te quiero mamá" de Natalia y un abrazo del más pequeño me devolvieron a la realidad. He tratado de comparar esa sensación con la de los viajes, cenas, conciertos, etcétera, y no hay color. Nuestros hijos son un continuo presente y no un algo que pasó o un algo que se disfrutó, pero que se escapó con su tiempo. Me alegro, Dios mío, de que hayamos puesto la vida por delante de todo».  



domingo, 2 de junio de 2019

DILE A TUS HIJOS QUE SÓLO EL AMOR –EL QUE SE DA Y EL QUE SE RECIBE– LE DA SENTIDO A LA VIDA.


DILE A TUS HIJOS QUE SÓLO EL AMOR –EL QUE SE DA Y EL QUE SE RECIBE– LE DA SENTIDO A LA VIDA.

Le oí a una persona tetrapléjica la siguiente expresión: –Mi vida tendrá sentido siempre que pueda dar amor o siempre que pueda recibirlo. Imaginaos por un momento una hermosa flor que tuviera la posibilidad, por egoísmo, de mantener cerrados sus pétalos a los rayos del sol. Impide que los hombres sean partícipes de su hermosura y que las abejas se alimenten de su néctar y polinicen los prados. Su existencia no tendría sentido pues se ha encerrado en sí misma. A nuestros chavales no les falta hoy de nada pero les sobran muchas cosas. Por poner un ejemplo, solo hay que ver la cantidad de juguetes que se acumulan en las habitaciones y trasteros de muchas casas. Muchos de ellos son la consecuencia del un amor mal entendido de los padres, abuelos y familiares, que disfrutan con la compra
de unos juguetes que en muchas ocasiones los niños no han pedido. El amor en las edades tempranas hay que concretarlo en la generosidad: enseñarles a compartir y a pensar en los demás. En primer lugar en los más cercanos –hermanos, familiares, amigos– y después en los más lejanos. Debemos hacerles ver que hay personas que carecen de lo más imprescindible para llevar una vida digna. Quien no ama está sin motivación para aceptar las normas y obligaciones que existen en la familia y en la sociedad. Solo el amor y no el temor o el interés dignifica la actuación del ser humano. Nuestros hijos nos pueden desobedecer, pero si realmente nos quieren, esa actitud les hará sentirse mal y por eso rectificarán y mejorarán. Como en todo, los padres siempre tienen que ir por delante y entender que la generosidad y el desprendimiento son causa de felicidad. Recuerdo la anécdota de don Andrés, sacerdote de un conocido centro educativo, que exhortaba a unos alumnos de primaria en tiempo de cuaresma:
−¿Quién está dispuesto a sacrificase y ceder el mejor sitio a su padre para ver la televisión?
Como un resorte todos los alumnos levantaron la mano, salvo uno, que con tristeza observaba a sus compañeros.
−Y tú, ¿no estás dispuesto?
−No, don Andrés, es que mi padre siempre se sienta en el mejor sitio…
Otra de los factores que influyen en que nuestros hijos sean egoístas es el número de hermanos. La expresión "hay que compartir" no tiene mucho sentido si el hijo o la hija son único. De ahí que en las familias numerosas sea más fácil educar en el compartir. A continuación propongo algunas ideas que nos podrían ser de utilidad:
– Es más feliz el que da que el que recibe.
– Es más feliz el que perdona antes de que le pidan perdón.
– Es más feliz el que se acerca que el que espera a que el otro venga.
– Es más feliz el que olvida que el que guarda rencor.
– Es más feliz el que sonríe que el que espera una sonrisa.
– Es más feliz el que deja que pasen los que quieren llegar primeros.
– Es más feliz el que no tiene nada suyo que el que piensa que todo le pertenece.
– Es más feliz el que se entrega con todas las consecuencias que el que se reserva por las consecuencias.

(Del libro Educar. Arte, ciencia y paciencia)
http://jgsaez.blogspot.com.es/



domingo, 5 de mayo de 2019

ALMA DE CÁNTARO: A LOS HIJOS LOS EDUCAN –O MALEDUCAN– SUS PADRES, EL COLEGIO, LOS AMIGOS, LA TELEVISIÓN, INTERNET, LA CALLE, ETC. , ETC.


ALMA DE CÁNTARO: A LOS HIJOS LOS EDUCAN –O MALEDUCAN– SUS PADRES, EL COLEGIO, LOS AMIGOS, LA TELEVISIÓN, INTERNET, LA CALLE, ETC. , ETC.

Estoy en el patio del colegio y pasa a mi lado un grupo de chicos ya hombretones. Pienso en la buena constitución física que tienen hoy nuestros chavales gracias, entre otras cosas, a una buena alimentación, a una buena cobertura médica y a la posibilidad de ejercitar un deporte. Sin embargo, si lo que llevan sobre sus hombros –la cabeza– no tiene una buena formación doctrinal y cultural, es decir, si no dominan su cuerpo y sus pasiones, mala cosa. ¿Y qué podemos hacer? Pues lo que esté en nuestras manos, que no es poco. En primer lugar no vivir en las nubes. Procurar ir por delante de los acontecimientos que aparecen con el crecImiento, dándoles los criterios oportunos para la toma de decisiones. En segundo lugar participar activamente en aquellos ambientes e instituciones que influyen en la educación: colegio, medios de comunicación, estamentos políticos, etc. Todos estamos influenciados por el ambiente que nos rodea. Pero en función de nuestra formación y de nuestros criterios, el ambiente externo nos afectará en mayor o menor medida. Nuestros hijos son como una esponja que absorbe todo lo que les llega. Hoy día hay muchos ambientes negativos donde pueden beber con facilidad, y las madres y padres tenemos que estar muy pendientes para contrarrestar ese influjo. Es más, en muchas ocasiones somos los mismos progenitores los que de una forma ingenua ponemos al alcance de nuestros hijos esos ambientes, llámense lugares de veraneo, conexión a internet y televisión en su cuarto, programas de televisión, revistas y un largo etc. Recuerdo la anécdota de una madre que me aseguraba que su hijo se acostaba todas las noches temprano, porque cuando miraba por debajo de la puerta, la luz de su habitación estaba apagada. No sabía la buena señora que su hijo efectivamente apagaba la luz, y se metía en la cama arropándose hasta la cabeza junto al pequeño
televisor que tenía en su cuarto, y de esta forma estaba todo el tiempo que quería, viendo lo que le apetecía. Eso sí, para su querida madre estaba en los brazos de Morfeo.

(Del libro Educar. Arte, ciencia y paciencia)

domingo, 17 de marzo de 2019


LLEGA UN MOMENTO EN QUE LO ÚNICO QUE PODEMOS HACER POR NUESTROS HIJOS ES REZAR.

Cuando la libertad de nuestros hijos se hace adulta y toman las riendas de su vida, nuestra autoridad queda relegada a aconsejar. Los padres, ante esa falta de control material, caemos en una desazón que nos quita la paz; entonces los miedos, que son libres, invaden nuestra mente y todo nuestro ser.

Ante esta situación, –que llegará– lo único que podemos hacer es rezar.

Algún día nos enteraremos de cómo esa oración confiada libró a nuestros hijos de algún que otro tropiezo. Y si la Providencia permite situaciones no deseadas, no podemos perder la fe, pues Dios sabe más, y se puede asegurar que Él no quiere nada malo para sus hijos. No cabe duda de que no es fácil de asimilar, pero Dios tiene otra visión de la jugada que nosotros entenderemos algún día. Pues nos puede ocurrir como a nuestros hijos pequeños cuando les tenemos que dar un jarabe: no entienden por qué deben ingerir ese producto amargo, y sin embargo nosotros sí lo sabemos.

Es una alegría para los hijos saber que sus padres les protegen con su entrega cuando son pequeños, con su consejo cuando son mayores y con su oración durante toda la vida.

Se me viene a la mente santa Mónica, madre de San Agustín, que consiguió con su ejemplo, su oración y sus lágrimas encauzar la vida de su hijo.

(Del libro Educar. Arte, ciencia y paciencia)


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sábado, 9 de febrero de 2019

MADURAR PARA SER FELIZ


MADURAR PARA SER FELIZ. CUANTO ANTES SE PIERDAN LOS MIEDOS Y TEMORES, MEJOR. CUANTO ANTES TENGAN CONFIANZA EN SÍ MISMOS, MEJOR. CUANTO ANTES DOMINEN LAS SITUACIONES, MEJOR. 
No sé si alguna vez habéis plantado un árbol. El proceso es sencillo: una vareta con un buen cepellón, un hoyo en una tierra apropiada, agua para que el terreno tenga humedad, y un rodrigón clavado en el suelo al que va atado ese proyecto de árbol para evitar que las inclemencias meteorológicas o a veces la mala condición del hombre lo tire por tierra. A los pocos años, ese árbol habrá crecido y producirá frutos en su sazón. Es todo un proceso en el que intervienen factores internos –calidad del árbol, enraizamiento adecuado, etc. – y factores externos –climatología, la mano del hombre, etc. 
Hay veces que por diferentes razones el hombre acelera la maduración de modo artificial. Todos tenemos experiencia: –Esta fruta es de cámara. También el hombre tiene un proceso madurativo que enraíza, no en la tierra, como el árbol, sino en la familia. De ella recibirá la savia que le hará crecer hasta alcanzar la madurez –crecer en edad, juicio y prudencia– dando así sentido al trabajo que supone la educación de nuestros hijos.  Los expertos afirman que en la actualidad se da un retraso en la maduración de los hijos. El profesor Enrique Rojas ha elaborado el decálogo de los rasgos propios de una personalidad inmadura, que puede ayudarnos a central el tema: 
1. Desfase entre la edad cronológica y la edad  mental. 
2. Desconocimiento de uno mismo. 
3. Inestabilidad emocional. 
4. Poca o nula responsabilidad. 
5. Mala o nula percepción de la realidad. 
6. Ausencia de un proyecto de vida. 
7. Falta de madurez afectiva. 
8. Falta de madurez intelectual. 
9. Poca educación de la voluntad 
10. Criterios morales y éticos inestables. 
Es evidente que la madurez del individuo es un proceso que puede durar toda la vida: puedo asegurar que alguno que otro punto del decálogo nos harían sonrojar a más de un padre.  ¿Pero que podríamos hacer para que ese proceso de maduración no se eternice en nuestra prole?  Se me ocurren varias ideas, con todos mis respetos para los expertos: 
1. No alargar ese proceso natural con la superprotección. 
2. No meterles miedo en el cuerpo. Cuando un niño pequeño se cae, lo primero que hace es mirar la cara de su madre o de su padre. 
3. Lo que puedan hacer solitos, que lo hagan. No quitarles ningún golpe. 
4. Hacerles ver que todos nos equivocamos y que el error puede ser un buen fundamento para el aprendizaje. 
5. Que sepan que los miedos están en la cabeza. 
6. Mientras estén en casa, los que mandan son papá y mamá, que son los responsables ante Dios y la sociedad. 
7. El estudio es su trabajo y, como dice san Pablo, el que no trabaje que no coma. 
8. Que conozcan la problemática de sacar una familia adelante, haciéndoles partícipes dentro de sus posibilidades. 
9. Las ganas hay que dejarlas en la puerta, pues lo que hay que hacer se hace, no por ganas, sino por sentido de la responsabilidad. 10. El frigorífico no se llena sólo. 
11. El cajero del banco es una hucha que hay que llenar para poder sacar. 
12. Los buffets están en los hoteles, y en casa hay un plato que gustará un día más y otro menos.  
Etc. etc.  Ah, y todo esto… ponerlo en práctica lo antes posible. Tienen que comprender que la vida es como el pan: tiene miga y, cómo no, su corteza. 
A continuación recojo un informe publicado por la Dirección General de la Policía de Seattle, sobre el modo de hacer de los hijos unos delincuentes: 1. Dadle desde pequeño cuanto desee: así crecerá convencido de que el mundo entero se lo debe todo. 
2. Reíd si dice tonterías: así creerá que es muy gracioso. 
3. No le deis ninguna formación religiosa: ya la escogerá él cuando sea mayor. Seguramente se quedará sin ninguna.
4. Nunca le digáis «esto está mal»: podría adquirir complejos de culpabilidad; y más tarde, cuando, por ejemplo, sea detenido por robar un coche, estará convencido de que es la sociedad la que le persigue sin motivo. 
5. Recoged todo lo que él tire por los suelos; así creerá que todos han de estar a su servicio. 
6. Dejad que lo lea todo. Limpiad, eso sí, con detergente y desinfectad la vajilla en que come; pero dejad que su espíritu se recree en cualquier torpeza. 
7. Discutid los padres delante de él: así se irá acostumbrando, y cuando la familia esté ya destrozada no se dará ni cuenta. 
8. Dadle todo el dinero que quiera: no sea que sospeche que para tener dinero se debe trabajar. 
9. Que todos sus deseos estén satisfechos: comer, beber, divertirse...; de otro modo resultaría un frustrado. 
10. Dadle siempre la razón: son los profesores, la gente, la ley, la sociedad..., quienes la tienen tomada con el pobre muchacho: no le reprendáis, no sea que se disguste.  
Y cuando tu hijo sea ya un desastre, proclamad que nunca pudisteis hacer nada con él. 

m

jueves, 10 de enero de 2019

¿DE VERDAD QUIERES A TUS HIJOS? ¿DE VERDAD QUIERES LO MEJOR PARA ELLOS? ¿DE VERDAD SON LO MÁS IMPORTANTE DE TU EXISTENCIA? ¿DE VERDAD ESTARÍAS DISPUESTO A ENTREGAR TU VIDA POR ELLOS?... ¿Y NO ESTÁS DISPUESTO A MEJORAR TÚ MISMO...?: ¡JA, JA, JA…!


¿DE VERDAD QUIERES A TUS HIJOS? ¿DE VERDAD QUIERES LO MEJOR PARA ELLOS? ¿DE VERDAD SON LO MÁS IMPORTANTE DE TU EXISTENCIA? ¿DE VERDAD ESTARÍAS DISPUESTO A ENTREGAR TU VIDA POR ELLOS?... ¿Y NO ESTÁS DISPUESTO A MEJORAR TÚ MISMO...?: ¡JA, JA, JA…!



Como se dijo en la introducción, eso de ser padres no es nada fácil. Requiere una preparación que no se improvisa. ¿Cómo podremos resolver un problema si no sabemos cómo abordarlo? ¿Cómo podremos orientar a nuestros hijos si no sabemos dónde está el norte?
Al igual que una titulación universitaria no garantiza el éxito profesional, el hecho de ser padres no asegura que sepamos actuar como tales. Cualquier buen profesional que se precie tiene la obligación de profundizar en sus conocimientos técnicos para estar al día. No puede conformarse con lo que aprendió durante su etapa de formación académica. Y… ¿hay alguna profesión más importante que la de ser padres?
Bueno, pues manos a la obra. En primer lugar hay que comenzar por ejercitar una serie de virtudes que son fundamentales en cualquier situación, pero imprescindibles en la tarea que tenemos entre manos.
Uno puede tener muchos conocimientos teóricos, pero al torero se le ve en la plaza. ¿De qué me sirve saber lo que tengo que hacer cuando un niño se pone impertinente, si a mí me falta la virtud de la paciencia? ¿De qué me sirve conocer las características de un adolescente, si me falta la virtud de la serenidad? ¿De qué me sirve saber que tengo que levantarme a las tres de la mañana para atender al pequeño que está llorando, porque mi mujer está agotada, y no lo hago porque me falta la virtud de la fortaleza? ¿De qué me sirve exigir a mis hijos que estudien a diario si yo no doy un golpe al agua en las tareas del hogar, porque me falta la virtud de la laboriosidad? Y así podría seguir enumerando una serie de virtudes que las madres y los padres tenemos que ejercitar para educar con el ejemplo, pues si el prior juega a los naipes, ¿qué harán los frailes?
La educación es una tarea compleja, y necesitamos herramientas adecuadas para afrontarla con acierto; y no cabe duda de que las virtudes humanas son como los conceptos en el ámbito educativo: una vez adquiridos ningún problema se resiste.




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viernes, 28 de diciembre de 2018

EL VIENTO


EL VIENTO
Viento soy..., vueltas doy..., y después de muchos, muchos años, aquí estoy, disfrutando de mi compromiso:  los niños. Cansado de tantos "dimes y diretes", de tanto complicar lo sencillo, de tanto dudar de la verdad, volveré a contar lo que vi, viví y sentí.
Recuerdo, que esa noche la temperatura del mar superaba en cinco o seis grados  la de la tierra, dando lugar a que yo me desplazara produciendo una suave brisa por el desierto de Jerusalén. Sin quererlo, me encontré inmerso en un remolino donde cada uno contaba los sonidos  que había transportado. Un aire fresco que venía de la noche contó que un ángel le había dicho a unos pastores que en la ciudad de David había nacido el Salvador. Un aire cálido proveniente del Oriente relató que tres magos seguían una estrella que los llevaría al Rey de los Judíos. Y por último, un viento seco y caluroso contó las aventuras de un matrimonio joven, que iban a empadronarse a Belén; él por nombre José, y su esposa María, que  estaba encinta. 
Yo, por naturaleza curioso, porque una de mis funciones es propagar el sonido, y cómo no las conversaciones, tomé la determinación de investigar noticias tan inquietantes:  Unos reyes, un ángel y un salvador. Salí como pude del remolino, y como aire que soy, tomé la dirección del Oriente, y extendí mi ser por el desierto. En unos minutos comencé a notar unas vibraciones que parecían llegar de un campamento. Dejé caer mi frescor, y al instante fui elemento material por el que discurría la conversación de unos personajes,  y los gruñidos de  unos camellos. Nunca llegué a saber si eran reyes o magos; solo sé que su tono era sobrio y majestuoso y que se llamaban Melchor Gaspar y Baltasar. Por lo que pude entender, su preocupación era una estrella. Al parecer, tenían el convencimiento de que la misma les conduciría a la presencia del Rey de los Judíos, al que querían adorar. Habían realizado un largo e incómodo viaje siguiendo la estrella de día y de noche, y próximos ya a Jerusalén, la estrella desapareció del firmamento. Esa noche fue larga, no dejaron de rastrear todas las constelaciones del cielo que vislumbraban. A la mañana siguiente tomaron una decisión: dirigir sus pasos a Jerusalén y preguntar por ese niño al que querían adorar.
Volví a tomar altura y puse rumbo a los cielos. Pensé que si conseguía localizar la estrella tendría respuesta a muchos de los interrogantes.  Además, estaba seguro que la estrella me lo contaría todo, pues al fin y al cabo, éramos casi compañeros y el espacio nuestra casa común.
La mañana comenzaba a clarear y el sol desperezaba las últimas sombras. -Allí, allí. No pude remediarlo. Fue tal la alegría, y con ellas tales prisas, que pase de brisa a casi huracán. En un abrir y cerrar de ojos me encontraba delante de una estrella tan reluciente, que hacía sombra al sol. Le pregunté que quien era, pues nunca había visto una estrella con tanta luz. Me dijo que estaba cumpliendo una misión muy importante: -conducir a unos magos a Belén de Judá.
–No entiendo nada, le respondí:  Belén era un pueblo pequeñito, pero muy conocido; cualquier comerciante de caravanas podría haber llevado a los magos allí.  –No te equivoques, me respondió: –no estoy aquí por Belén, sino por lo que va a suceder en Belén. ¿Y qué va a suceder? -le pregunté-. Me respondió con un destello que me hizo perder altura: -No todos lo entenderán.
El sol calentó la tierra del desierto y tuve que hacer verdaderos esfuerzos para volver a Jerusalén. Allí me enteré de que los magos preguntaron al rey Herodes y, cómo este, reunió a todos los príncipes de los sacerdotes y a los escribas del pueblo  para interrogarles donde había de nacer el Mesías: – En Belén de Judás, le dijeron, pues así está escrito por medio del profeta: "Y tú, Belén, tierra de Judá, ciertamente no eres la menor entre las principales ciudades de Judá; pues de ti saldrá un jefe que apacentara a mi pueblo, Israel".
Fui atando cabos: los reyes estaban en lo cierto, y la estrella era una realidad. Solo me quedaba comprobar lo del recién nacido, al que uno llamaban el Mesías y otros el Rey de los Judíos. Como no tenia certeza del lugar, tomé la determinación de seguir a los Magos. Pasé desapercibido, pues el viento es una constante en estas tierras. Volví a ser portador de las conversaciones de sus majestades. La alegría que tenían me hizo adivinar que sus temores habían desaparecidos. Entonces, me eleve todo lo que pude y observé con alegría que la estrella volvía a presidir su camino. Fue cuestión de tiempo. Todos los datos confirmaban que estábamos en la dirección correcta. Preguntaron a unos pastores que -apoyados en su cayado- vigilaban el ganado. Su respuesta fue clara y concisa:  -¿El Mesías? Sí. A un tiro de piedra hay un montículo; si seguís todo recto veréis unas cuevas: allí lo encontraréis. La alegría volvió a envolver el tono de voz de todos y cada uno de los magos. Hasta la respiración de los camellos denotaba el esfuerzo por llegar a tan ansiado destino.
Yo me adelanté aprovechando mí volatilidad. Me acerqué sin que se movieran ni una sola de las acacias que bordeaban la colina.  Y sentí  por primera vez en mi vida una sensación impropia de mi naturaleza: Noté frío y calor, alegría y temor. Mi curiosidad comenzó a tener mala conciencia. Me abrí paso entre un grupo de pastores  y ... sentí que unas manitas  me acariciaban suavemente, jugaban con el aire -conmigo- y sonreía, y me hizo sonreír. No puedo explicar lo que sentí. Y me dejé querer, y me dejé tocar, y me dejé dormir, y... ¡hasta me respiró! y pasé cerca de su corazón, y... note al Mesías, al Salvador, a mi Dios...  Embelesado estaba, cuando una voz recia me hizo bajar  de mi cielo. Los Magos, porque para mí desde ese momento no habría más reyes, ofrecieron oro, incienso y mirra, y de rodillas lo adoraron y lo acariciaron, y si no le cantaron fue por esa tonta vanidad que impide a la sencillez  ser sencilla, como aquel Niño.
Los Magos tenían prisa, yo ninguna, pero la brisa se mueve y esa era mi vida. Aproveché y acompañé a los Magos en su despedida. ¿Por qué tanta prisa? Después... me enteré. El Rey Herodes les había dicho que cuando encontraran al niño, se lo comunicara para ir él también a adorarle.  Sin embargo, tuvieron un sueño que les avisó para que volvieran a su país por otro camino.
También me enteré de que María y José salieron a toda prisa, pues un ángel del Señor se le apareció en sueños a José y le dijo: "Levántate, toma al niño y a su madre, huye a Egipto y quédate allí hasta que yo te diga, porque Herodes va a buscar al niño para matarlo".
Al final logré entender la prisa de los magos, y cómo no, la de la Sagrada Familia.
Unos días después, se produjo en los cielos de Belén y en toda su comarca, un ruido extraño. Un ruido como el que hace el viento cuando pasa  por las rendijas de las puertas y tejados. Pero no, ese ulular estaba producido por los alaridos de las madres a la que les eran arrebatados sus hijos : "Una voz se oyó en Ramá, llanto y lamento grande; es Raquel que llora por sus hijos, y no admite consuelo, porque ya no existen".
Yo, impresionado por tanta maldad, cruce los cielos, y me dirigí a Egipto  hacia donde partió la Sagrada Familia. Ya tenían noticia de todo lo sucedido y ... "María conservaba todas estas cosas, y las meditaba en su corazón.
No podía permitir que los magos ignoraran la maldad de Herodes.   Aproveché una subida de temperatura para tomar altura y puse dirección al Oriente, por donde los magos volvian a su país . Tenía grabado en mi memoria los sonidos que brotaban de su caravana, y no fue difícil localizarlos. El problema que se me presentaba era como comunicarme con ellos. Yo podía oírlos pero ellos  solo me percibían por mi molesta presencia.  Estaba perdido. Me acorde del Niño, mi Dios, y le pedí un favor: Que mi ulular se convirtiera en sonido. Y así fue. Y les pude hablar, y me pudieron entender.  Y todo se lo conté, y sintieron dolor en su corazón.
Melchor, qué parecía tener la voz cantante, propuso:  -Es cierto que nuestro actuar ha estado imbuido por un misterio que no logramos entender. Pero hemos sido dóciles a una llamada y hemos recibido una recompensa que marcará nuestras vidas. Por lo tanto, propongo que a partir de este momento dediquemos nuestras existencia a los niños. Gaspar, tocándose la barba, dijo: -Querido Melchor,  me parece una buena idea, ¿pero cómo llegaremos a tantos niño? Baltasar, que hasta ese momento estaba en un silencio expectante, repuso: -¿Y... cómo hemos llegado hasta Belén?  Tomó la palabra Melchor y contestó: -Siguiendo la estrella.  -No solo -replico Baltasar-, también hemos puesto confianza, ilusión y esperanza. Por lo tanto, propongo que todo niño que en la fecha del nacimiento del Niño Dios nos pida con confianza, ilusión y esperanza un regalo, se lo haremos llegar. 
Desde ese día, la vida de los Magos, que iba a ser larga, muy larga, la dedicaron a lo que ellos llamaron el Día de Reyes.
Y yo, desde ese momento proclamé a los cuatro vientos que los Reyes existen, pero existen para los que son como niños y como niños nunca pierdan la ilusión,  que es el verdadero regalo, pues... nace del corazón.
                              
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