Educar. Arte, ciencia y paciencia.

Educar. Arte, ciencia y paciencia.

lunes, 12 de septiembre de 2016

FUERA PREJUICIOS Y RESPETOS HUMANOS



 FUERA PREJUICIOS Y RESPETOS HUMANOS

         Estas dos formas de comportarse impiden nuestro crecimiento como persona.

         La primera –los prejuicios– son como unas orejeras que nos impiden ver lo que no entra en nuestro campo visual. Todos tenemos la experiencia de habernos formado un juicio equivocado de alguna persona o institución –que no nos caen bien–, apoyándonos en  detalles o comentarios sin ningún fundamento. Un prejuicio es una opinión previa y tenaz, por lo general desfavorable, acerca de algo que se conoce mal. Como decía Albert Einstein, «es más fácil desintegrar un átomo que un prejuicio».

         Y los respetos humanos son como un freno que nos impide actuar con naturalidad. Someten a la persona al qué dirán, al qué pensarán, al miedo al ridículo, a la incapacidad de dar a conocer sus sentimientos y sus puntos de vista. Los respetos humanos paralizan a la persona. Si conseguimos vencerlos, seremos más libres, sencillos y naturales; de lo contrario, iremos por la vida como el labriego que volvía del campo con su hijo en el cuento del conde Lucanor:

Iba orondo sobre su asno, satisfecho de la vida, cuando se topó con un vecino, que le afeó su conducta:
–¿Qué, contento? ¡Y al hijo que lo parta un rayo!
Se apeó el viejo y montó el hijo en el asno. Poco más adelante se encaró una mujer con ellos:
–¡Cómo! –exclamó indignada. ¿A pie el padre? ¡Vergüenza le debía dar al mozo!
–Bajó éste del burro, y tras él caminaban padre e hijo cuando alguien les lanzó una indirecta:
–¡Cuidado, que se cansa el asno!
No sabiendo qué hacer, montaron ambos. Andaba cansino el burro el último trecho del camino cuando alguien les voceó de nuevo: ¡Se necesita ser bestias! ¿No veis que el pobre animal no puede con su alma? 


miércoles, 7 de septiembre de 2016

La verdad no se discute: la verdad se busca



LA VERDAD NO SE DISCUTE: LA VERDAD SE BUSCA

Comienzo con una canción de Antonio Machado:

¿Tu verdad? No, la Verdad.
Y ven conmigo a buscarla.
La tuya, guárdatela.

         He tratado de profundizar en el concepto de verdad y he desistido, pues hay infinidad de teo­rías filosóficas que hacen difícil encontrar una definición que aclare esta palabra tan manoseada. Pero me quedo no con una definición, sino con unas palabras que han ayudado a millones de mujeres y hombres a que su vida haya estado enfocada a la búsqueda de la Verdad (con mayúsculas): «Yo soy el camino la verdad y la vida»[1].

         No cabe duda que buscar la verdad tiene un riesgo, pues si uno llega a ella ya no se puede dejarla escapar, hay que tener la valentía de deshacerse de todos los sucedáneos que la condición humana busca para justificar sus caprichos y torpezas.

         Estar en la ignorancia de las cosas conlleva un riesgo que a veces desemboca en tragedias. El ignorante es fácilmente manipulable, inseguro en el decir y en el obrar. Además, si no se conoce la realidad de las cosas no se les puede sacar el máximo provecho.

         La ignorancia es en ocasiones invencible, no se puede evitar. Pero la mayor parte de las veces procede de la falta de vencimiento personal. Porque la verdad hay que buscarla, con esfuerzos y sacrificios, sin subterfugios. Ya lo afirmó Pascal: «Muchos están siempre dispuestos a negar todo aquello que no comprenden». Machado también lo expresó a su manera: «Desprecian cuanto ignoran».


[1] Juan 14.6 


EL HOMBRE NO HA CAMBIADO: SOLO HAN CAMBIADO LAS CIRCUNSTANCIAS.



El hombre no ha cambiado: solo cambian las circunstancias

         Es muy divertido y entrañable repasar los álbumes de fotos que todos conservamos en nuestro hogar. Uno advierte los cambios que se han producido en el aspecto físico y en la indumentaria; todo nos parece tan lejano en el tiempo y a la vez tan cercano en los sentimientos…

         ¿Qué observamos en esas fotos? Imágenes por las que ha pasado el tiempo, pero que representan a la persona que soy. Es verdad que uno es la misma persona, pero a la vez distinta en vivencias y en circunstancias. Ciertamente han variado las circunstancias externas, pero ¿y la condición humana?

         El hombre siempre se ha sentido mal ante un suceso triste o doloroso; alegre ante una buena noticia; lleno de envidia ante los éxitos de su semejante; rencoroso ante una jugada que le han hecho o extasiado ante la belleza de un paisaje.

         La naturaleza del hombre no cambia. La condición humana de todos los tiempos hace que todos experimentemos la avaricia, la generosidad, la vanidad, el odio, la venganza, la ambición, la entrega, la bondad, la ale­gría...

La juventud de hoy está corrompida hasta el corazón. Es mala, atea y perezosa. Jamás será lo que la juventud ha de ser, ni será capaz de preservar nuestra cultura.

         Esta afirmación, que se podría escuchar en nuestros días, corresponde a... una inscrip­ción grabada en una tablilla babilónica del siglo XI a. de C.

         Y si queréis una de sexo, sugiero la lectura de la historia de Susana que se cuenta en el libro del profeta Daniel[1]. 





[1] Daniel 13, 1-64.

--

sábado, 3 de septiembre de 2016

EL QUE TIENE BOCA SE EQUIVOCA...



EL QUE TIENE BOCA SE EQUIVOCA.  NO HAY QUE TENER MIEDO A EDUCAR.  ES PREFERIBLE EQUIVOCARSE EN EL INTENTO A NO INTENTARLO POR MIEDO A EQUIVOCARSE.


Flota en el ambiente un equívoco –so capa de respeto a la libertad- que dice que nuestros hijos, cuando sean mayores, ya tendrán tiempo de decidir sobre una serie de cuestiones que marcarán su camino en esta vida tan rica y compleja.  Este razonamiento conlleva a una falta de exigencia en algunos aspectos de su educación.  Unos por comodidad y otros por no complicarnos la existencia.  Así quedan expuestos al influjo exterior: escuela, amigos, medios de comunicación, modas, etc.; que se encargan de aleccionar a esa criatura indefensa en base a intereses económicos, ideológicos, etc.

Dado que los padres somos los primeros educadores, no podemos hacer dejación de nuestros derechos por miedo a equivocarnos; pues podría ocurrir, que el día de mañana nuestros hijos nos echaran en cara esa falta de exigencia:

– Sí tú sabías que eso era así, ¿por qué no has sido más exigente conmigo?

Como botón de muestra copio un texto de Gilbert K. CHESTERTON (Razones para la fe. Styria) que puede dar luz a nuestros miedos:

He aquí una frase que oí el otro día a una persona muy agradable e inteligente, y que cientos de veces he oído a cientos de personas. Una joven madre dijo: "No quiero enseñarle ninguna religión a mi hijo. No quiero influir en él;  quiero que elija por sí mismo cuando sea mayor". Ése es un argumento corriente,  que se repite con frecuencia, y que, sin embargo, nunca se aplica de verdad. Por supuesto que siempre la madre influirá sobre su hijo. De la misma manera la madre podía haber dicho: "Confío en que escogerá a sus propios amigos cuando crezca; por eso no quiero presentarle ni a primas ni a primos".
Sin embargo, la persona adulta en ningún caso puede escapar de la responsabilidad de influir sobre el niño; ni siquiera cuando se impone  la enorme responsabilidad de no hacerlo.  La madre puede educar al hijo sin elegirle una religión; pero no sin elegirle un medio ambiente. Si ella opta por dejar a un lado la religión, está escogiendo ya el medio ambiente; y además,  un medio ambiente funesto y antinatural. Para que su hijo no sufra la influencia de las supersticiones y tradiciones sociales, la madre tendrá que aislar a su hijo en una isla desierta y allí educarlo.  No obstante, está escogiendo la isla, el lago y la soledad; y es tan responsable de obrar así como si hubiera escogido la secta de los mennonitas o la teología de los mormones.  Es del todo evidente, dicen, para quien piense durante dos minutos, que la responsabilidad de encauzar la infancia pertenece al adulto, por la relación existente entre éste y el niño, completamente al margen de las relaciones de religión y de irreligión. Pero la gente que repite esta fraseología no la piensa dos minutos. No intenta unir sus palabras con la razón, con una filosofía. Han oído ese argumento aplicado a la religión, y nunca piensan en aplicarlo a otras cosas fuera de ella.  Nunca piensan en extraer esas diez o doce palabras de su contexto convencional y tratar de aplicarlas a cualquier otro contexto. Han oído que hay personas que se resisten a educar a los hijos aun en su propia religión. Igualmente podría haber personas que se resistieran a educar a los hijos en su propia civilización.  Si el niño cuando sea mayor puede preferir otro credo, igualmente cierto es que puede preferir otra cultura. Puede molestarse por no haber sido educado como un buen sueco burgués; puede lamentarse profundamente no haber sido educado como un sandemanian ( ...). De la misma manera puede lamentar haber sido educado como un caballero inglés y no como un árabe salvaje del desierto. (...)  Pero, evidentemente, alguien ha tenido que educarlo para llegar a ese estado de lamentar tal o cual cosa; y la responsabilidad más grave de todas es tal vez la de no guiar al niño hacia ningún fin.


jueves, 25 de agosto de 2016

DOS VERDADES A MEDIAS: ¿QUÉ HABREMOS HECHO MAL? O ¡QUÉ BIEN LO HEMOS HECHO!




DOS VERDADES A MEDIAS: ¿QUÉ HABREMOS HECHO MAL? O ¡QUÉ BIEN LO HEMOS HECHO!

Ï

Los años, al igual que la altura, nos van descubriendo un panorama y una amplitud de miras que facilitan la comprensión y el juicio de los avatares que rodean nuestra existencia, y como no, la de nuestros hijos.

No pocas veces los padres nos replanteamos nuestros criterios educativos en función de los éxitos o fracasos de nuestros hijos.  En otras ocasiones nos cuestionamos por qué en una misma familia –donde los hijos han recibido los mismos criterios educativos– aparecen comportamientos diametralmente opuestos.

Todo esto está muy bien, pero no podemos olvidar que cada ser humano es único e irrepetible, no hay dos personas iguales.  Nuestros hijos tienen una serie de rasgos biológicos y genéticos heredado de sus progenitores, pero con caracteres diferentes: introvertidos, reservados, listos, espontáneos, cabezones, habilidosos, alegres, rencorosos y, un largo etcétera.

¿Y por qué son así?  Pues yo sinceramente no lo sé.  Seguro que hay expertos que  podrían darnos luces.  Lo que sí podríamos hacer, es adaptar nuestras recetas a las características de nuestros hijos.  Aquí no sirve café para todos: a hijos diferentes, trato diferente.

Tenemos que ponerles delante de la realidad.  Orientarles y hacerles valer esos talentos que Dios les ha dado; porque al final son ellos y solamente ellos los que decidirán su  camino.  Por lo tanto los padres no tenemos que tener el dilema de si lo hemos hecho bien o mal: hemos hecho lo que buenamente hemos podido o sabido y, ellos –estrenando su libertad– harán lo que crean conveniente.  Pero no nos quepa la menor duda de que siempre tendrán el referente de la educación recibida en la familia.

Hace años, oí a una conferenciante, referir qué piensan los hijos de sus progenitores: Hasta los diez o doce años, consideran a sus padres como los mejores, los más listos, los más fuertes, etc., etc.  Entre los trece y los veinte años los padres son una plasta: pesados, dictadores, agarrados y un largo etcétera.  A partir de los veinte y pocos y ante una decisión importante: voy a consultarlo con mis padres.  Y cuando ya son mayores y en muchos casos los padres hemos pasado a mejor "vida": ojalá estuviesen aquí mis padres.



martes, 16 de agosto de 2016

EN EL MATRIMONIO, O EDUCAN JUNTOS O MALEDUCAN POR SEPARADO.


EN EL MATRIMONIO, O EDUCAN JUNTOS O MALEDUCAN POR SEPARADO.

Ï
Por mi profesión, en más de una ocasión he intervenido en la ejecución de alguna que otra piscina o balsa que, como todos sabemos, son recintos cerrados, que entre otras, tienen la finalidad de retener el agua que contienen. Están formados por un vaso estanco, realizado con unos muros de hormigón. Estos muros están compuestos normalmente por una estructura de acero y por tres elementos: cemento, arena y grava.  A los que hay que hacer vibrar  convenientemente para evitar que se produzcan en su interior coqueras –huecos– que impidan el paso del agua a su través.

Siguiendo con el símil, el vaso de la piscina lo componen el padre y la madre; y el agua son nuestros hijos, que como el líquido elemento, intentarán –de una forma natural- traspasar los muros que los padres imponen en función de un fin concreto: educar.

Como todos sabemos, el agua se adapta a la vasija que la contiene. Algo parecido tendría que ocurrir con nuestros hijos: adaptase a esa "vasija" que es el seno familiar y los criterios educativos de los padres.  No obstante, al igual que el líquido elemento ejerce una presión sobre las paredes de la vasija, nuestros hijos están continuamente ejerciendo dicha presión en base a su libertad: ese llanto del recién nacido que quiere que le cojan de la cuna; ese pequeño que se niega a recoger los juguetes; ese niño que forcejea para quedarse un rato más ante el televisor; o ese adolescente que intenta imponer a sus padres la hora de llegada a casa, etc., etc.

¿Qué ocurriría en esa piscina si no hubiera cohesión entre los distintos elementos que componen el hormigón? Pues os puedo asegurar, que a los pocos días, el agua habría desaparecido y los muros no tendrían ninguna finalidad.

Continuando con el símil: ¿Qué ocurriría en un matrimonio donde el marido y la mujer no estuvieran de acuerdo en los criterios educativos? Pues al igual que en la piscina, los hijos se saldrían con la suya, colándose por los resquicios que el padre y la madre dejan por la falta de unidad en los criterios educativos.

Leonardo Polo (en su libro Ayudar a crecer) al respecto, comenta lo siguiente: la educación es obra de los dos esposos y, en consecuencia, los dos se tienen que poner de acuerdo; es decir, no puede haber una discrepancia radical o desunión entre ambos, y querer educar cada uno por su lado. Esta tesis también está suficientemente ratificada por la experiencia.

En resumen: a la hora de tomar una decisión, pueden darse estas y otras variantes, pero siempre en plural y de la mano: ¿Qué hacemos? ¿Nos estaremos equivocando? ¿Acertaremos? ¿Será lo correcto? ¿Nos arrepentiremos? ¿Nos interesará? ¿Se enfadará? ¿Le gustará? ¿Funcionará? ¿Tendremos fuerzas? ¿Seremos capaces? ...para esto se educa.

Hay también elementos familiares a los que el hijo recurre para lograr esquivar "los muros" que impiden hacer lo que les apetece, produciendo un chapoteo en dicha "piscina" que hace saltar el agua por encima de sus límites: me refiero a los abuelos. Quiero aquí hacer una mención especial a esta figura familiar que siempre ha desempeñado una labor impagable en la educación de nuestros hijos, y que hoy día, suplen en muchos casos la ausencia de los padres por razones laborales, o de otra índole.  Es importante que su papel sea de meros colaboradores, y que a la hora de tomar decisiones cuenten con el beneplácito de los padres, que al fin y al cabo son los responsables directos de su educación.
Ah, y sin olvidarse que... los padres tienen que organizarse con los hijos como si no tuvieran a nadie, sabiendo que si les falla "nadie", siempre tienen a los abuelos.

Para terminar una recomendación de San Agustín: Obedeced más a los que enseñan que a los que mandan.



viernes, 26 de febrero de 2016

¡DOCE MIL ENTRADAS!

¡Doce mil entradas!
Suelo tener la costumbre de tomar nota de los textos que despiertan mi interés. Del que se cita a  continuación  no tuve la precaución de indicar su origen; no obstante me ha servido para orientar mis actuaciones en el saber: que me enriquezcan a mí y a mis semejantes. Y,  este fue el motivo de embarcarme hace unos años en el blogs: EL MATRIMONIO UNA GRAN AVENTURA.
Al el día de la fecha se han producido doce mil entradas y, quiero haceros partícipes de mi alegría -y quizás también de mi vanidad.
Gracias por ayudarme a seguir trabajando por esta gran institución del MATRIMONIO.

"Hay personas que desean saber solo por saber,  y esto es curiosidad; otras, por alcanzar fama, y esto es vanidad; otras, por enriquecerse con su ciencia, y esto es un negocio tonto; y otros, para edificar a los demás, y esto es caridad."